miércoles, 27 de abril de 2011

Incongruencias de la vida

Llevo una época replanteandome muchas cosas. Lo cierto es que empecé pensando que debía cambiar pequeños detallitos y tirando del hilo... oh, cielos!!!! Toda mi vida patas arriba!!
¿Cómo me hace sentir todo esto? Pues terriblemente desestabilizada, insegura, ansiosa, ... pero terriblemente satisfecha. Creo que es posible que haya pasado en los últimos cinco años por los peores momentos que podía imaginar y sin embargo, es cuando más plena me he sentido. Y esta es la clave: SENTIR.

Creo que si nos permitieramos sentir más y razonar menos, todo iría mejor. Aquí aparecen las incongruencias. Si no racionalizáramos a nivel de costo-beneficio nuestras decisiones, si nos guiáramos un poco más por nuestra intuición no seríamos capaces de mirar hacia otro lado cuando se produce una injusticia. Pero, ay, amigo!! Nuestra cabeza nos empieza a mandar señales: Cuidado, que igual sales perdiendo!! Pero por qué no se nos ilumina la otra parte de la ecuación: Animo, qué seguro que sales ganando!! Es decir, es una cuestión de probabilidades. Conclusión: vivimos atemorizados y esto nos bloquea.
Esto que digo no es nada nuevo, ni pretendo dar clases de nada. Es un ejercicio de reflexión personal. Es un toque a mi conciencia y mi ética.
Nos disculpamos con infinidad de argumentos pero cuántas veces ponemos en la balanza los posibles beneficios. ¿No sería más lógico puesto que si logramos estos beneficios podríamos experimentar mayor felicidad? Pues parece que no y parece ser que el motivo es que existe duda: puede que sí pero también puede que no.

Hay infinidad de literatura que intenta encontrar el origen de nuestra infelicidad o, dicho de otro modo, la búsqueda de la felicidad. Al final, la respuesta que más me ha convencido es la que presenta Osho que dice que no es posible alcanzar la felicidad porque aún en aquellos momentos en las que disfrutamos de ella, en ese mismo instante, tenemos miedo a perderla y ello nos hace permanecer en un estado de infelicidad constante.
Un buen amigo me dice siempre: "son defensas que tenemos y que gracias a ellas sobrevivimos"

No sé, yo debo de ser muy terca, porque he decidido que no me resigno a ser infeliz pudiendo disfrutar. Además yo no creo en el más allá, así que o me pongo las pilas o se me acaba la feria sin enterarme.
Y en ese camino estoy, intentando sustituir angustias y ansiedades por intuiciones positivas. Viviendo cada instante sin pensar que va a ocurrir mañana (porque siempre pensamos que va a ser algo malo, ¿no os pasa?) e intentando arriesgarme a probar cosas nuevas, pero a empezar y acabar, asumiendo el fracaso y convirtiéndolo en éxito al verlo como un aprendizaje.

¿Qué más incongruencias? Toda nuestra vida social está llena de ellas. Hacemos y nos comportamos con los demás como no nos gusta que lo hagan con nosotros. Hablo, afortunadamente, de generalidades. Y esto hace que lo que en primera persona es inadmisible si lo sea con terceros.

Otra incongruencia: el otro día una bloggera hablaba del odio. Los sentimientos negativos. En principio no hay problema. Lo que está claro es que hay que sentir, porque empezamos reprimiendo unos sentimientos e igual se nos olvida "sentir", no sé, esto lo dejo para otro post. Pero no dejamos de oír y de percibir desde que somos niños que no está bien expresar determinados sentimientos... mucho mejor reprimirlos!!!!  Pero no tiene sentido pensar que no se tienen emociones "negativas", lo entrecomillo porque son socialmente negativas. Las emociones creo que no deberían tener signo. Expresan un estado, punto. Cómo se expresen o como se liberen, los actos que lleven asociados pueden o no ser negativos... pero las emociones, los sentimientos... Defiminitivamente NO.
El problema aparece porque queremos creer que esos sentimientos "negativos" no existen y, por tanto, no aprendemos a manejar estas emociones. En esta última época, no doy fechas porque son un desastre espacio-temporalmente hablando y no me ubico,  ya se está viendo que aportar habilidades sociales y emocionales a nuestros hijos les hace crecer más felices, o por lo menos, a sentirse así. A ser más empáticos con los demás.A mí me vale!
Podemos intentar empezar por ahí, diciendo a nuestras niños que es bueno enfadarse y demostrarlo pero que no todo vale y también es bueno llorar. Y que es probable que se burlen de ellos (varones) pero que pueden contestar cosas como que cuando estoy contento me río y te parece bien, pues cuando estoy triste lloro y que  muera la madre de "Piecitos" (personaje infantil de una serie de dibujos) me pone triste y ya está. No sé, hay mil respuestas, pero tenemos que arriesgarnos a ser incomprendidos y a seguir adelante y ha decirles que les puede pasar y cuánto pueden ganar. Todos sabemos que la mejor manera de enseñar es que nos vean hacer. Así que ...

Otra más: nos pasamos la vida planeando nuestro futuro, y el de los demás dicho sea de paso,  pero seremos capaces de echar a perder ese  futuro, ese tan ansiado, sólo por no cambiar o reconocer que nos hemos equivocado. Porque esto supone FRACASAR. Ya entiendo, mucho mejor poner todo tu esfuerzo en conseguir un objetivo que no se logra y seguir hacia delante como si esto, que insisto ha sido nuestro modus vivendi, no fuera lo importante. Pues entonces qué lo es!!

Yo creo que es bueno que nuestra mente nos pare de vez en cuando, sino quizás no estuviésemos ahora aquí, pero debemos de ser críticos e intentar ser honestos con nosotros mismos, lo primero. Lo demás creo que va llegando... con trabajo, pero llega... estoy convencida.

jueves, 7 de abril de 2011

LA FELICIDAD

Me resulta curioso mirar a mi alrededor y darme cuenta como definimos cada uno lo que es la felicidad. En teoría y a groso modo, un término como este debiera de ser universal. Pues nada menos universal que la FELICIDAD, creo yo.
Hasta hace muy muy poco tiempo, yo siempre pensaba que esa manera de vivir mi vida, haciendo planes para el futuro y sin pararme en el presente era porque yo disfrutaba más organizando, porque era nerviosa e inquieta....todo super positivo y me quedaba tan ancha, ¡¡oiga!!
Fíjate que creo que la razón era otra. Quizás porque mi presente no me gustaba y huía hacia delante, quizás porque pensaba que lo siguiente seguro que iba a ser mejor, quizás porque si hacía muchas cosas mi capacidad era indiscutible o, por lo menos, mi voluntad, quizás...
Total que ahora he vivido aproximadamente la mitad de mi vida y no sabría decir cómo. ¿Fui feliz? Supongo que sí, realmente me da vergüenza decir que no cuando hay gente que no tiene que comer o con qué vestirse, o que sufre abusos o cualquier otra desgracia. No he tenido unas condiciones de vida desafortunadas, he tenido las necesidades básicas cubiertas, una familia que me quiere, pero... no puede contar nada, excepto, que sé planear muy bien y organizar. No exagero, estoy llena de lagunas, no recuerdo años, momentos... todo son recuerdos borrosos y tan sólo mantengo claros en mi memoria los momentos en que hacía planes. Es cierto... y triste.
Bueno, quizás si analizo todo lo que empecé y cómo acabó sea motivo de felicidad ... Veamos, realmente nada de lo que comencé me marcó en exceso, cada vez que algo me empezaba a emocionar surgía alguna poderosa razón para "hacer un descanso", nunca abandonar, sólo ejercía mi derecho a probar otras cosas, sabiendo que siempre podría retomar aquello que "paré". No hace falta que diga que no recuerdo haber retomado nada "parado", que no abandonado.
Veamos, quizás existe una buena razón para haber hecho esto.... ¡Pues no! Pero mi mente ha sido capaz de creerse y hacer creer a los demás que soy una persona segura de sí misma, inquieta, atrevida, etc. Y no, tan sólo  ocurría lo siguiente y siempre igual: empezaba algo, se lo contaba a todo el mundo, me ilusionaba y en el momento de ir más lejos, me asustaba de no poder con ello, no confiaba en mí y temía escandalosamente al fracaso y daba por finalizada esta etapa, eso sí, con una razonada y medida excusa y casi siempre aduciendo de una causa externa a mí.
Así que supongo que esto no puede definirse como felicidad. Y ahora nos adentramos en la percepción de las cosas, es decir, si para mí aquello no implicaba infelicidad, se podría decir que era feliz....
Pues no, porque mientras que con otras emociones son lo que son según como las perciba cada uno, la felicidad es una maravillosa excepción.
Pensad en la tristeza, el enfado, la vergüenza... si para nosotros en un momento determinado sentimos esa emoción como tal, se convierte en verdadera; sin embargo, con la felicidad a pesar de que intentes disimular, finalmente algo chirría dentro y te incordia y hace que, o bien, dejes de pensar en ello o termines poniendo patas arriba tu realidad y te replantees toda tu vida pasada y futura.
Conclusión, creo que se anda un gran camino (eso espero) cuando uno se da cuenta que la felicidad no se encuentra, se busca y que esta búsqueda diaria es, en gran medida, el motivo que nos anima a seguir, que elimina nuestros miedos e inseguridades, que nos obliga a detenernos y disfrutar e indagar en cada cosa de nuestro alrededor. La felicidad no nos lo da tener o no tener, ser o no ser. Es la tranquilidad de estar conforme con uno mismo, de sentirse vivo, no de paso y de no perder la esperanza de seguir siendo feliz, porque este no es un estado estático, no se alcanza la felicidad y ya está, es un estado mental, una forma de ver la vida y está en continuo movimiento y evolución. Y si pienso en esto que acabo de escribir, me da una esperanza fantástica, porque esto supone que no debo temer a perder algo que he conseguido, debo disfrutarlo mientras exista y cuando no esté mirar hacia delante y seguir buscando. Otro gran miedo que nos bloquea y no nos deja disfrutar, temer a perder.
Esto es lo que pienso últimamente y espero que cuando eche la vista atrás pueda sentirme orgullosa de recordar haber vivido.

lunes, 28 de marzo de 2011

La evolución o la influencia del medio

Pensaba comenzar este blog con un presentación al uso y algo sin mucho contenido tan sólo para irme haciendo con la herramienta, pero hoy ha surgido un hecho, que por desgracia se da más de lo que me gustaría, que ha dado origen a "mi primera cosa"

Existen corrientes que opinan que la conducta, el comportamiento, la actitud de los individuos, en definitiva, lo que cada uno somos y pensamos y cómo lo manifestamos e incluso, como percibimos lo que se encuentra a nuestro alrededor, tiene su origen en la parte física y, por tanto, genética de cada cual.
No nos pensemos que son corrientes que están ya abandonadas por obsoletas, es más, en los últimos años está habiendo un resurgimiento de este tipo de planteamientos.
Yo, muy lejos de saber ni de tener conocimiento sobre nada de esto, en realidad, se me hace bastante evidente que si bien es cierto que todos llevamos una carga genética que nos predispone, es el ambiente (cultura, educación, experiencias vividas, etc..) el que realmente provoca que esa información que cada cual trae en su mochila se manifieste o no y cómo lo haga.
Quizás el más claro ejemplo de la influencia del entorno es la relación padres-hijos. Me resulta llamativo ver como los padres se (nos) escudamos en frases hechas como "yo lo que quiero es por su bien", "con todo lo que yo le quiero..." (cómo si eso nos evitara equivocarnos) y otras muchas, que son tablas de salvamento para justificar nuestras decisiones para con nuestros hijos. ¿No deberíamos primero saber nuestras limitaciones, nuestros miedos y nuestras frustraciones? ¿No creéis que esto nos ayudaría a ofrecer un entorno saludable donde nuestros hijos crecieran como individuos independientes?
Me parece terrible ver como produce orgullo en los padres ver que sus hijos son copias de ellos mismos. Supongo que se debe al "más vale malo conocido que..." o , lo que es peor, se traduce en tener el control y por tanto, el poder. ¿No resulta inquietante todo esto? Se supone que las relaciones entre padres e hijos son las relaciones más puras y desinteresadas, ¿no?
Da igual si son felices o no, incluso mejor si no se lo plantean, porque lo importante es que los padres no se enfrenten a uno de sus mayores miedos: no saber que va ocurrir con tu hijo. Y es curioso porque cuando se habla de los padres estos siempre defienden que ser padre es dejar de ser uno mismo para vivir para y por tus hijos. Quizás este es el problema, quizás habría que dejar de vivir para tus hijos y vivir con tus hijos. Y otra observación, detrás de tanta entrega existe mucho egoísmo. Egoísmo porque si realmente fuera algo desinteresado no se sentiría decepción al ver que nuestros hijos no siguen nuestras "leyes universales".
No es que piense que todas estas relaciones son un fracaso, pero si creo que debiéramos pensar en ello con mayor honestidad. Sí es cierto que la mayor parte de los padres quieren lo mejor para sus hijos y luchan por conseguirlo y lo consiguen, pero no es menos cierto, que crecemos rodeados de mensajes que crecen con nosotros y que nos impiden ser libres.
Hace no mucho le escuché rememorar a Jesús Bernal, un conferenciante al que oí hablar, una frase de la película "Adivina quién viene a cenar esta noche", en la que el padre de un protagonista al ver que éste le desoía en sus consejos y sientiendose amenazado le empieza a recordar todo lo que ha hecho por él y el personaje le dice que  había hecho lo que creyó su obligación, que él no le pidió nada. Ahora esa era su vida y  tomaría las decisiones que creyera convenientes para vivirla"
¡Eso es! Esta es la clave. Los padres deben proporcionar las herramientas de que se disponga para que esos hijos crezcan adecuadamente, sin miedos, amenazas, ni expectativas puestas en ellos pensando que así serán más felices. Mentira, así serán los padres más felices y vivirán más tranquilos.
No nos engañemos, no lo hacemos por ellos, lo hacemos por y para nuestra tranquilidad.
Para acabar, creo que esta manera de crecer provoca una sociedad descontenta, sin ilusión. Individuos que no saben  cuestionarse a sí mismos y que pierden capacidad de reflexión. Creo se acostumbran a seguir a referentes y a poner poca cosa en tela de juicio... y esto no nos lo da la genética.